La parte más difícil de viajar es regresar a casa.

Despedidas, agonías y el Síndrome del Viajero Eterno

Viajar es lo que más me gusta hacer en esta vida. Y es fácil saber porque, al viajar puedes experimentar el mundo de manera directa; pruebas cosas nuevas, conoces gente nueva, visitas lugares increíbles, te enamoras, aprendes sobre otras culturas, te acercas al arte y a la historia, te enamoras, descubres intereses que jamás pensaste que tendrías, aumenta el autoestima, tomas riesgos, sobrevives, y vives.

Hasta aquí todo bien.

Pero, ¿Qué pasa cuando termina?

La gente siempre habla de irse, pero ¿Qué hay de volver a casa?

“Traveler at Rest” por Dana Smith, 2018

Esta claro que en cualquier viaje que se realice se pueden llegar a presentar varias clases de contratiempos. Esto, sin mencionar, las dificultades que se presentan al realizar un viaje largo, y que de alguna manera las tienes ya contempladas, pues de cierta manera son parte del viaje: encontrar la manera de economizar gastos o encontrar un trabajo, encontrar hospedaje que se ajuste a tus planes, hacer amigos de verdad, confiar en la gente, no malinterpretar actos de convivencia, identificar y aprender las normas sociales, mantenerse a salvo y llegar así al siguiente destino. En fin, todas estas — y otras muchas más — , como dije, son parte del viaje y en la gran mayoría de las veces estas dificultades son eclipsadas por todo lo que esta pasando a tu alrededor.
Es decir, a mi de que me va a valer que esta noche aún no tenga un hospedaje pactado o me hayan cancelado una reservación, si justo ahora estoy disfrutando un gelato de Stracciatella frente al Coliseo Romano. Hombre, disfruta el momento, carpe díem.

Vale, que si, si es una pasada que te cancelen una reservación, pero si viajaste desde México hasta Roma, o sea, hasta I T A L I A, hombre, que te cancelen una reservación poco vale, ya encontrarás otra ¿Sabes lo que te digo?
Que no siempre se puede tener miel sobre hojuelas, también hay que aprender a resolver problemas sobre la marcha. El viajero no nace, se hace.

Bueno, ya esta, durante el viaje puedes estar <<tranquilo>> te aseguro que todos estos mínimos que experimentes se borran con los máximos completos, que de antemano te digo, atesoraras más adelante. Ahora sí, viene lo bueno o mejor dicho lo malo: Cuando el viaje termina.

LA DESPEDIDA.

Las despedidas son difíciles pero sabes que vienen. Y es que, las despedidas estan a la orden del día, y aunque la vida del viajero esta repleta de estas, nunca se acostumbra a ellas. Tras cada nuevo amigo, tras cada nueva vida temporal, tras cada pueblo, paisaje y ciudad que se pise, el viajero sabe— desde el inicio — que enfrentara tarde o temprano a un nuevo adiós. O mejor, a un hasta pronto, porque muy dentro sabe que el viajar no es más que dejar puertas abiertas y un mundo que siempre te espera. Qué te cuento, si he dejado amistades lejos de casa y aun quedan planes sin resolución.

Por llenarte un espacio… me despedí de mi mejor amigo en Republica Checa, y me despedí de mi mejor amiga en Polonia. Aun recuerdo el día que en el aeropuerto lanzamos una moneda al aire, por un lado teníamos los momentos de felicidad que guardábamos, más que en la maleta, en el corazón. Por el otro lado de la moneda se asomaba la tristeza, que se reflejaba en cada abrazo; con lágrimas en los ojos no queríamos que terminara. Mientras la moneda quedaba suspendida, decíamos al aire cuanto nos queríamos y cuanta falta nos vamos a hacer.
Ya te digo que, casi a forma de deja vu, ese sentimiento no se sentía como algo nuevo, pues algo así sentía tambien el día que me despedía de mis amigos y mi familia al comenzar un viaje. Las despedidas, sin importar cuando ni donde, siempre duelen.

He perdido amigos, dinero y tambien cañutos,
pero lo único que en verdad duele es lo primero.
-Sharif Fernández

Al subir ese avión de vuelta a casa, prepárate para una ruleta de emociones. Todas estas tristes despedidas se verán contrastadas por el reencuentro con tu familia y amigos, ese reencuentro que tanta veces el viajero se ha imaginado en su cabeza desde que se fue en primer lugar.

La Despedida (1885) por Armando Menocal, pintor cubano especializado en temas costumbristas.

EL REGRESO A CASA.

Cuando se regresa a casa, las secuelas de las despedidas siguen en tu cabeza (y seguirán por un tiempo). Sin embargo, la tristeza y la nostalgia son calmadas, por la emoción de familiares. Las reuniones de bienvenida para ponerse al día, las cervezas con los amigos que se vacían entre cotilleos, historias y recuerdos, y por supuesto, las comidas hechas en casa te hacen olvidar por un momento todo lo vivido. De hecho, regresar a tu ciudad país o a tu ciudad de origen se siente aún se siente como una extensión del viaje: Todo te parece nuevo, emocionante y abierto a comparaciones. Tu perspectiva ha cambiado, los ojos del turista te acompañan.

Y luego todo simplemente… desaparece.

Todo el mundo se acostumbra a que estés en casa, ya no hay historias nuevas que contar (tu sabes que las tienes, pero se nota el desinterés). A cambio, empiezan a surgir preguntas: ¿Ahora que piensas hacer? ¿Ya has conseguido un trabajo? ¿Cuál es tu plan? ¿Estas saliendo con alguien?

Y la agonía empieza…

LA CONFUSIÓN

Es tu familia, son tus amigos, los ves y te alegra como su vida a estado prosperando — lo que sea que eso signifique — han iniciado algunos emprendimientos, conseguido nuevos trabajos o un nuevo departamento, novios, compromisos, etc. Pero las preguntas del tipo “¿Ahora que piensas hacer?” no cesan, siguen como si nunca te hubieras ido, como si nada hubiera cambiado. Aunque por dentro tu sabes que todo ha cambiado, y no hablo de la apariencia hablo de todos los cambios que ocurrieron en tu mente, en tu interior.

Tus sueños han cambiado, la forma en que percibes a las personas es distinta, tus gustos e intereses son totalmente nuevas, las cosas que considerabas importantes, quizá, ya no lo sean. Inclusive, al estar de vuelta, puedes ver con claridad y felicidad los hábitos que se fueron perdiendo en el camino.

Sabes que estás pensando de manera diferente porque lo experimentas cada segundo, cada día, dentro de tu cabeza, pero ¿Cómo se lo comunicas a los demás? ¿Cómo lo compartes? ¿Cómo lo discutes? Si no hay forma de describir la forma en que creciste dejando todo lo que sabías atrás.

Te sientes enojado. Te sientes perdido. Un día despiertas y sientes que nada ha valido la pena porque nada en tu entorno ha cambiado. Al día siguiente, te contradices, pues sientes que es lo único que has hecho, lo único de valor y lo que es realmente importante porque lo cambió todo. Y no cualquiera se atrevería a experimentarlo. Después, volvemos a lo mismo.. nada ha cambiado.

¿Cuál es la solución a este lado del viaje? No tengo respuesta. Es como aprender un idioma extranjero que nadie a tu alrededor habla, por lo que no hay forma de comunicarles cómo te sientes realmente. ¿Rozumiesz, co mówię? Okaj, tak właśnie czuję się każdego dnia.

Por eso, una vez que te has ido por un largo tiempo, todo lo que quieres hacer es volver a irte. Los expertos lo llaman «Choque Cultural Reverso», los màs románticos lo llaman el “Sindrome del Viajero Eterno”. Que si bien se puede definir como el impacto psicológico y emocional que una persona sufre al regresar a su hogar, sin sentirse propiamente como parte de el; no es más que el esfuerzo de volver a un lugar donde estás rodeado de personas que hablan el mismo idioma que tú. No es inglés, ni español, ni polaco, ni italiano, sino ese idioma en el que otros saben lo que es irse, cambiar, crecer, experimentar, aprender, volver a casa y sentirse más perdido en su ciudad natal que en el lugar más extraño y distinto que visitó.

En el clásico La Odisea de Homero, quizá es el libro donde podamos encontrar el primer caso escrito de un choque cultural reverso. Cuando el protagonista Odiseo llega a su tierra natal, en el canto 13, éste no da un salto de alegría sino un grito lleno de agobio, “ay de mí, ¿a qué tierra de mortales he llegado?”, al ver que los caminos, las pendientes y los árboles eran los mismos que los que dejó cuando se fue.

Esta es la parte más difícil de viajar y es la razón por la que todos volvemos a huir.

LA HUIDA

Después de esto, no hay mas. Ya te imaginarás porque siempre termino por irme. Siempre estoy pensando a dónde ir, cuándo será el próximo viaje, qué sitios nuevos conoceré, qué aventuras me encontraré por el camino y qué historia contaré después.

Ya lo sentencio José Saramago en su libro Viaje a Portugal: Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino.

“El viaje no acaba nunca. Estos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en relatos. Cuando el viajero se sentó en la arena de la playa y dijo: “no hay nada más que ver”, sabía que no era así. El fin de un viaje es sólo el inicio de otro. Hay que ver lo que no se ha visto, ver otra vez lo que ya se vio, ver en primavera lo que se había visto en verano, ver de día lo que se vio de noche, con el sol lo que antes se vio bajo la lluvia, ver la siembra verdeante, el fruto maduro, la piedra que ha cambiado de lugar, la sombra que aquí no estaba. Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino.

— Viaje a Portugal, Saramago — ”

Me dicen el extranjero. Harto de no ser blogger. De niño quería ser revolucionario. Escribo por las noches para poder dormir de día.

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