No, viajar no te hace mejor persona.

Vamos a quemar la casa: Lo siento, pero viajar no me ha hecho mejor persona. Y a ti tampoco te hará mejor.

Un soldado muerto. Anónimo italiano del siglo XVII, atribuido a Velázquez hasta finales del siglo XIX, cuando lo descubrió Manet

No me mal interpretes, esto no es un manifiesto en contra de los viajeros. Esto es un manifiesto contra mi mismo — y si alguien más lo considera prudente, que tome lo que le sirva y lo deje listo al siguiente — , esto es un golpe al ego y un anclaje a la realidad. Como dicen por ahí, con la cabeza en el cielo pero con los pies en la tierra. Y es que existe una creencia absurda en la que se ensalzan los viajes como experiencia espiritual por la cuál, simplemente por coger una maleta y volar a un destino “lejos” de nuestro entorno conocido nos volvemos mágicamente el Dalai Lama — y ni se diga de aquellos destinos con naturaleza al por mayor — .

Es cierto que viajar, en ocasiones, viene acompañado de múltiples virtudes, pues, de inicio, al exponerte a otras culturas, personas y maneras de vivir te ayuda a desarrollar una mentalidad global, te pone las cosas en perspectiva. También es un símbolo de estatus. Te distingue. Te hace independiente e «interesante» pues podrías tener muchas historias que contar. Es emocionante y gratificante a su manera; pero ninguna de esas cosas te ayuda a entender quién eres, aunque todas ellas son esclarecedoras no te llenaras mágicamente de «luz».

La autoconciencia no te sorprende viendo tomándote una foto con la cascada de Tamul de fondo en la Huasteca Potosina. La confusión no desaparece cuando te alejas lo suficiente de tu lugar de origen. Tu alma no está al otro lado del mundo — claro que tampoco me molestaría buscarla inútilmente en las pirámides de Egipto — , pero muchos lo creen así, inclusive lo publicitan así:

Si no sabes qué hacer con tu vida, viaja. Si estás triste, viaja. Si has terminado una relación sentimental, viaja. ¿Ir a terapia? Déjate de romper las pelotas y viaja. Viaja que se te van a ir todos los problemas.

Mira te voy a decir algo: los fantasmas, los monstruos y nuestra sombra — esa que detallaba Carl Jung —, tambien viajan. Pueden seguirte muy fácilmente y ni siquiera pagan pasaje.

Dos Monjes, por Francisco de Goya, 1821–1823.

Si viajaba cuando tenía problemas en mis relaciones, todavía los tenía cuando me fui, y en ocasiones, se volvían mas grandes al regresar. Si viajé cuando estaba ansioso, todavía estaba ansioso cuando llegué. Si tenía preocupaciones antes de viajar, estas seguían ahí durante el viaje.

De hecho, viajar cuando las cosas no iban bien casi siempre hacía imposible saborear realmente el viaje.

Como ya lo predico R.W. Emerson en su libro “Naturalezas”, viajar es como llevar «ruinas a ruinas » :

“Viajar es un paraíso para los tontos […] En casa sueño que en Nápoles o en Roma, puedo embriagarme de belleza y perder mi tristeza. Empaco mi baúl, abrazo a mis amigos, me embarco en el mar, y por fin me despierto en Nápoles, y allí a mi lado está el hecho severo, el yo triste, implacable, idéntico, del que huí. […] Mi gigante va conmigo a donde quiera que vaya.”

No creo conocer a alguien que haya regresado de un viaje, y de repente tenga claro todo lo que necesita cambiar en su vida y este listo para comenzar una vez que haya bajado del avión. Las cosas no funcionan de esa manera. Lo he dicho antes, regresar de un viaje es duro, y generalmente trae consigo más confusiones. Encontrarse a sí mismo, modificar actitudes, realizar cambios significativos y mejorar como persona siempre es un viaje aun más largo que el realizado (y peor o mejor, en realidad no sabes cuando termina).

Viajar te ayuda a olvidarte temporalmente de tus responsabilidades, de tus relaciones y de los problemas que aún tienes que resolver. Claro que es una manera de insertar algo nuevo y emocionante en tu vida; y aunque no hay nada de malo en eso, no debemos olvidar que viajar es, literalmente, desaparecer, es un medio de escape a tu rutina diaria, aunque sea temporalmente.

«¿Es cobarde o audaz un alma exiliada?», cuestión que nos plantea Rafael Lechowki en su obra Quarcissus, Acto III.

Ya te digo, viajar agrega valor a tu vida, lo ha hecho a la mía, ya que cada viaje me ha ofrecido experiencias únicas. Experiencias que fácilmente cambian la forma en la que percibo el mundo y mi lugar dentro de él. Experiencias que me muestran costumbres y normas que puedo adaptar a una forma ideal de cómo prefiero vivir. Inclusive, he regresado a casa con algunos de los hábitos y hasta el lenguaje que aprendí durante un gran viaje. Siempre digo que llevo tatuajes que no estan en mi piel, pues llevó varias interacciones que me han impactado para siempre, que me han hecho más empático y más humilde. Pero también te digo que viajar (al menos por si solo) no necesariamente me hizo una mejor persona.

No ha sido en absoluto el medio a través del cual me «encontré» a mí mismo, y creo que deberíamos dejar de decirle a la gente que tienes que escapar para buscar el alma, que debe «perderse» para poder encontrarse. Es muy dificil verse a si mismo cuando estas viendo a tu alrededor.

Convertirme en quien soy ha sido un proceso de profunda auto-indagación, lectura y cambio consciente de mis hábitos… todo lo cual he hecho de manera más efectiva cuando no he estado viajando.

San Pablo ermitaño, de José de Ribera, 1635–1640. Museo del Prado, Madrid.

Sí viajar te cambia es fundamentalmente solo porque hiciste un trabajo personal importante antes, durante y después del viaje. Pero ya te digo que es un trabajo que puedes practicar a diario y hacer en cualquier lugar aceptando, conviviendo, escuchando y abriendo alma, corazón y mente.

Invierte primero en descubrir las cosas difíciles en ti y viaja después, cuando puedas ser consciente de ti mismo, estable y en paz. O viajar mientras lo haces, realmente no me importa, simplemente no esperes que un vuelo largo, una maleta apretada y días deambulando y mirando a tu alrededor para aliviar tus heridas. A menudo es más una distracción que una curación.

Viajar como medio de escape no funciona. Sigues siendo tú, tanto si te maravillas frente a la Torre Eiffel como si no. De hecho, viajar para escapar a menudo exacerba los problemas, porque entonces te sientes infeliz frente a la Torre Eiffel, decepcionado y pensando que se suponía que esto resolvería tus problemas.

«Aunque viajemos por todo el mundo para encontrar la belleza, debemos llevarla con nosotros para poder encontrarla». Ralph Waldo Emerson

Créeme cundo te digo que mirando hacia adentro se llega más lejos. Edifica las bases de tu propia vida con hábitos buenos y saludables. Encuentra la manera de ser feliz sin importar en qué parte del mundo te encuentres. Viajar se vuelve completamente diferente cuando no se usa como unas muletas.

Limpié mi vida antes de viajar y fue la mejor decisión que tomé. Quería disfrutar de mi vida en lugar de estar atrapado o mejor dicho siendo perseguido por la tormenta donde quiera que vaya. Quería conocerme a mí mismo y saber qué me hacía feliz antes de salir a buscarlo. Eso fue todo para mí. Y eso, querido lector, ha enriquecido cada experiencia.

El ser mejor persona y comprender de la vida, no se hace con una maleta, sino con el cuidado constante de quienes somos cada día.

Me dicen el extranjero. Harto de no ser blogger. De niño quería ser revolucionario. Escribo por las noches para poder dormir de día.

Me dicen el extranjero. Harto de no ser blogger. De niño quería ser revolucionario. Escribo por las noches para poder dormir de día.